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Como sabemos la policía política de los Castro secuestró y propinó una paliza a Yoani Sánchez, Claudia Cadelo y Orlando Luis Pardo. Muchachos valientes. La actividad de estos jóvenes blogueros se ha convertido en una espina clavada en el ojete del comandante intestinal y de su fusilador hermano.
Sólo hace falta que ese grupo crezca. Entonces temblarán los verdugos.
Mientras daban de patadas y puñetazos a Yoani, Claudia y Orlando Luis Pardo, Maurico Vicent, hueleculos oficial de El País en Cuba, agitaba una miserable carta enviada por Zapatero a los negociantes españoles en la pavorosa. Dice en ella que “España tiene vocación de permanencia en la isla”. Veremos. Lo que deberían hacer los cubanos en una Cuba libre, antes siquiera de salir a la calle a celebrar, es echar a patadas a todo estos cómplices de la dictadura (léase negociantes españoles y representantes de España en la finca castrista).
Qué pandilla de puteros coloniales.
Hoy domingo, busco el periódico global para ver qué han hecho con la noticia de la paliza a Yoani y sus compañeros. ¿Qué hará Vicent para ningunear la noticia de la paliza a los blogueros?
Mauricio publica una cortina de humo. Una cortina de humo en forma de crónica ¡dos páginas enteras! con una ilustración enorme y una foto tipo qué abuelito más buena gente, sobre la “vida secreta” de Fidel Castro.
Comienzo la lectura del artefacto desplegado para ocultar, minimizar y disipar en el barullo informativo la paliza a Yoani. Ese tono servil, esa adoración apenas maquillada. A las sandeces que escribe Castro en su periódico (en el Granma quiero decir) Mauricio las llama “cordón umbilical que le unen a su país y al mundo”.
Vicent ha obtenido información de primera mano y de importancia vital que justifica las dos páginas dedicadas por El País al dictador cubano: “se le veían piernas muy robustas”. “Una de las personas más informadas del mundo”. ¡Cómo lee el Comandante! ¡Más de cien páginas diarias! ¡Tiene un equipo de traductores siempre a su disposición! ¡Hace ejercicios cada mañana!
Acto seguido, Mauricio cita trémulo a un tal Landau que narra su llegada a Punto Cero (el lugar donde está la vivienda de Castro, en Jaimanitas). Dice Landau, al que imaginamos a punto de cagarse de emoción: “llegamos a Punto Cero por un camino exuberante de flora tropical verde”. ¡Verde! ¡Qué noticia! ¡Verde! No hay dudas de que la posteridad estará eternamente agradecida al lameculos de El País en Cuba por tamaña revelación.
¡Verde! Santo cielo.
El único propósito del intrascendente, memo, bobalicón y hagiográfico reportaje de Mauricio es disminuir el impacto mediático de la paliza a Yoani Sánchez y sus compañeros.
Después de este regalo de dos páginas ilustradas la escuálida tira que dedica al secuestro y atropello de Yoani pasa inadvertida. Y si no, es una delicia comparar el tono complaciente y enamorado en que está redactada la cantata al gran Líder con la manera en que nos dice Vicent que a Yoani la apalearon.
Para empezar, la paliza no es algo que sucedió… no señor, es algo “que la bloguera cubana denunció”. “Según narra en su blog”… continúa Vicent… ¿molestarse en acudir a la fuente apaleada, Yoani? ¡Por San Ramiro Valdés! Pero qué va a pensar el Comandante. ¿Ver los moretones, las pruebas de la golpiza?
De eso nada mulata.
¡Abra el culo mi Comandante, que aquí está el encargado de la limpieza, quiero decir su corresponsal global!
Qué asco.


















