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Lunes, 7 de mayo de 2018

Leí a Karl Marx cuando era joven. En la pavorosa, sus bodrios eran la Biblia. Los carteles, los discursos, la estupidez ambiental, la opresión, los abusos, todo remitía a Marx. Ya me daba cuenta de que las ideas de Marx habían traído más muerte y desgracias a la Humanidad que las ideas de Hitler. Pero a pesar de todo, el personaje tenía en mi pobre cerebro un aura heroica. Después me olvidé de Marx. Escapé del paraíso de sus delirios encarnados y empecé a comer como un ser humano, tuve una ducha y un coche y aire acondicionado. A ningún ser humano en estas condiciones le importa un carajo Marx (a no ser que sea un auténtico canalla).

Ahora he leído un ensayo de Paul Johnson sobre Marx y adiós aura. Todo era mucho peor de lo que yo imaginaba. Marx no se duchaba. Marx explotaba a su criada, jamás le pagó el sueldo, y además la preñó. Nunca quiso saber nada del hijo resultante. Al gran Marx no le gustaban los obreros (salvo si consideramos a su criada-esclava un obrero), los despreciaba. Marx mentía en sus obras, distorsionaba y falsificaba datos para acomodar la realidad a sus fantasías apocalípticas y a su odio al burgués.

Marx era enano. Y pedigüeño. Vivía de lo que le daba su familia burguesa y del saqueo al que sometió a Engels. Que por otra parte no era mucho mejor que Marx. La gran deidad de los proletarios era antisemita y racista. A Paul Lafarge, un mulato nacido en Cuba que se casó con su hija lo llamaba “el negrillo”, o “el gorila”. Lafargue terminó suicidándose junto a la hija de Marx. Supongo que para alejarse de una vez de aquel enano maloliente. Así se burlaba Marx de Ferdinand Lassalle: “el grasiento judío oculto bajo la brillantina y las joyas baratas”. Como si esto fuera poco, Marx robaba todo lo que podía de otros autores y se lo acreditaba descaradamente. De Marat: “Los proletarios no tienen nada que perder salvo sus cadenas”. De Heine: “La religión es el opio del pueblo”. De Karl Schapper: “Trabajadores del mundo, uníos”. Ninguna de sus famosas frases es suya.

Marx no era más que un enano egocéntrico beodo racista inescrupuloso falsario deshonesto y vago, que siempre necesitó una ducha. Pero sus desvaríos escritos han causado millones de muertos. Lo que es la vida.

Y ahora se cumplen dos siglos del nacimiento de Karl Marx. Para mí todo el que se declare marxista es un tarado y un subnormal y aquellos educados en el marxismo pobrecillos (pienso en generaciones enteras de cubanos) y no se hayan recuperado de esa infección cerebral son también definitivamente unos tarados y unos subnormales.

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© Juan Abreu, 2006-2011