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Sábado, 7 de abril de 2018

Ha florecido el cerezo y estuve poniéndole una malla porque las palomas, unas palomas enormes, han comenzado a venir sobre todo al caer la tarde, a picotear las flores. El año pasado acabaron con casi todas y sólo pude comerme al final diez o quince cerezas. El gato amarillo (con el negro no se puede contar para estas cosas, problemas óseos, el pobrecillo) no ayuda mucho, anda durmiendo o de paseo la mayor parte del tiempo, aunque hay que reconocer que cuando ve una paloma en el árbol trepa e intenta atraparla. Las palomas son casi del tamaño del gato, pero esto no detiene a mi gato amarillo, gran cazador. Suelo sentarme debajo del cerezo a leer, su sombra es muy fresca. Iba a empezar hoy el libro de Sorokin, que me apetece mucho, pero ha coincidido con el de Simon Leys y Leys para mí siempre va primero. Y hablando de Leys es increíble que Leys naciera en Bruselas ese estercolero tribal y en consecuencia ese estercolero moral. ¿No?

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© Juan Abreu, 2006-2018