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Viernes, 6 de abril de 2018

Hace poco se cumplieron veintitrés años de la muerte de mi madre. Como se sabe, yo no creo en Dios ni en nada fuera del cerebro y la ciencia. Pero. De vez en cuando me detengo ante su fotografía y le pido a mi madre fuerzas para terminar mi trabajo y ánimo y obstinación y tiempo y salud y que siempre y hasta el final me asistan el sagrado furor y la santa venganza. El retrato está en el librero, apoyado en los libros que a través de los años he publicado. Junto al retrato he puesto una piedra pintada que me regaló Lydia Cabrera (para que te proteja, dijo), y un trozo de la pulsera que llevaba mi madre cuando el coche la mató, y cuyos trozos nos repartimos los hermanos. El trozo de pulsera es tibio y rojo, la piedra serena.

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© Juan Abreu, 2006-2018