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Para los que viven fuera de España, agarro el palito y revuelvo. Entre los borujos el primer descubrimiento: España no existe. Existen diecisiete tribus. Con sus respectivos caciques. Cada tribu cree que es un continente, qué digo, un planeta, qué digo, una galaxia. La corruptela es indescriptible. Los políticos de esa cosa inexistente llamada España han fundado una casta de mangantes y la defienden a como de lugar. Como para no hacerlo. Disfrutan de todo tipo de lujos y prebendas y dietas y seguros y retiros fabulosos y sueldos de por vida que aprueban y votan ¡ellos mismos!
¡Qué jugada!

Cuando se produce algún escándalo corrupteril, ¡los mismos implicados deciden si habrá comisiones de investigación o no!
Hay que quitarse el sombrero.

Un político español no es un servidor público, es decir un empleado de los ciudadanos que le pagan el suelto, no señor, es una especie de aristócrata que cree que se lo merece todo y para quien el votante es un incordio que hay que tolerar. ¡Qué remedio!
Imaginen a qué niveles ha llegado la desfachatez y la soberbia de estos señores que aquí en la provincia de Barcelona llevan años despilfarrando millones encargando informes ridículos e innecesarios a sus amigos, colegas, familias y demás. Por estos días se ha armado cierto revuelo con el asunto y… adivinen… los políticos de la Generalitat se niegan a entregar copias de dichos informes. ¡Como si fueran suyos! ¡Como si no los hubieran pagado los ciudadanos! ¡Cómo si estos no tuvieran derecho a saber lo que se hace con su dinero!
¡Atrevidos! Bufan indignados los políticos. ¡La plebe quiere saber cómo gastamos su dinero! ¡Habrase visto tamaña insolencia!

A ese nivel se ha instaurado el descaro entre los políticos.

Muevo el palito.

La justicia en esa especie de entelequia llamada España es un relajo descomunal. Es el tipo de justicia que se preocupa y despliega una inmensa compasión por… los criminales. A una pobre adolescente la mató el novio hace casi un año, desde entonces el asesino da diferentes versiones sobre dónde tiró el cadáver que no ha aparecido y al final terminará dando clases de bricolaje por algún tiempo y a la calle. Hasta que mate y viole a otra infeliz, no es la primera vez que pasa. La matanza de mujeres en España a manos de maridos ex maridos novios y ex novios es casi un deporte nacional. El macho ibérico ¡qué esencia, qué tradición! Un asesino etarra mató a veinticinco personas en nombre de la Patria la Lengua las Esencias y otras monsergas y cumplió menos de un año por muerto: ya disfruta de completa libertad para seguir planeando asesinatos. La última hazaña del sistema judicial español la protagoniza un famoso juez: consiste en grabar las conversaciones entre abogados y acusados. Hay por ahí un desvergonzado vídeo en el que la vicepresidenta del gobierno de Zapatero le pega cuatro gritos y trata como a una criada a la Presidenta del Tribunal Constitucional.
El Tribunal Constitucional es un chiste.

El presidente de la cosa llamada España alza el puñito y declara: ¡soy rojo! Cien millones de masacrados y torturados por los rojos le contemplan. El presidente no se inmuta. Todo lo contrario, suelta una de sus bobaliconas risitas.

Muchos de los políticos de España se comportan como si estuvieran chiflados. Posiblemente lo están.
Uno de ellos, que a mi siempre me ha dado la impresión de necesitar urgentemente atención psiquiátrica, fue y se reunió con representantes de la banda terrorista ETA y pram pan plin qué gracioso y después de ese acto evidentemente amoral e ilegal en vez de ir a la cárcel sigue en su puesto y se dedica a recorrer el mundo con todos los gastos pagados por los contribuyentes. Hoteles de cinco estrellas, faltaría más. Grandes cenas, estelares vinos.
Todo a cargo de los ciudadanos es decir de las víctimas reales y potenciales de los asesinos con los que se reúne el político.

Los bancos condonan deudas de millones de euros a los partidos políticos en cuanto estos llegan al poder. Es decir, regalan millones de euros a los partidos políticos en cuanto llegan al poder. (El más estúpido de lo seres humanos sabe que un banco jamás regala nada). Primero les prestan el dinero para que lleguen al poder. Luego le regalan lo prestado.
Y después… ¡a cobrar!
Este sucio tráfico a todo el mundo le parece de lo más natural.

El nivel cultural y ético de los políticos es de vergüenza ajena. Algunos apenas saben hablar. Carecen de sentido del ridículo. Es lo único que cabe pensar al ver cómo se comportan. Da la impresión de que la política ha sido tomada por asalto por los más miserables, inescrupulosos, estúpidos y rapaces. Una vez se apoderan de un escaño, es prácticamente imposible sacarlos de allí.

Pero ya el hedor agarrota mis deditos.
Continuaré mañana, si me recupero.

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© Juan Abreu, 2006-2011