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Lunes, 12 de marzo de 2018

Estos días he evitado (pero algo he visto) la contemplación del aquelarre montado en torno al pobre niño asesinado. Las televisiones hacen su agosto. Los buenistas levitan todos sabemos que a costa del sufrimiento ajeno se levita mejor. Ayer vi a un tipo en la TVE reportando y lo que tenía que reportar con cara compungida y tono dramático (lo que más me jode es el tono dramático impostado de los tipos y tipas de las televisiones en cuanto empiezan a oler la carroña) era que había visto un cartel que decía al pescaíto le han salido alas y vuela hacia el cielo, o algo por el estilo. Daban ganas de abofetear al mamalón.

Todos somos Gabriel clamaban en las concentraciones y ese somos es de lo que más me tiene hasta los huevos. Qué manera más cobarde de diluir al niño muerto. La española es una sociedad embrutecida hasta la náusea por la autocomplacencia y el buenismo más hipócrita y ramplón.

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© Juan Abreu, 2006-2018