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Sábado, 10 de febrero de 2018

“Lo de las madres con cochecitos en mi pueblo es un peligro. He de ir esquivándolos cada vez que salgo las mujeres en cuanto paren se convierten en engendros peligrosos dispuestas a todo por lo que han parido, que suele ser bastante feo en términos generales. Te lanzan el cochecito encima y si no te apartas a tiempo te miran con enorme furia y van ocupando toda la acera como si les perteneciera y merecieran toda la acera por haber traído al mundo a su cría. He leído en algún sitio que este pueblo tiene la tasa de nacimientos más alta de España aquí paren las mujeres más que en cualquier otro lugar de España. No creo que sea porque follan mucho en este pueblo, basta mirar la cara de la gente para saber que no follan mucho, yo pienso que lo que sucede es que la única vez que follan al mes o al año preñan a la mujer. No follan mucho pero preñan cuando lo hacen, es lo que pasa. No les interesa follar en este pueblo lo que les interesa como en todas partes hay que decirlo es preñar y convertirse así en esclavos de la cría para el resto de sus vidas lo antes posible. La gente anhela la esclavitud se pasa la vida hablando de libertad pero anhela la esclavitud y sólo puede ser feliz esclavizado. Yo voy inmerso en mi soliloquio y a punto de morir o de que me rompa las piernas una madre al mando de su siempre vociferante cochecito. Y muchas veces pienso en darle una patada al cochecito y, preferentemente, en el momento en que esté pasando un autobús y de esta manera mandar el cochecito y a la cría bajo el autobús y así librar a la pobre mujer y al marido de la esclavitud de por vida que es la cría, pero me contengo porque habría que pagar por la cría como si se trata del bien más preciado de la humanidad con un millón de años de cárcel por lo menos y si me meten en la cárcel un millón de años no podré acabar el librito y quiero hacer todo lo posible por acabar el librito y si no sigo con mis paseos por el pueblo no podré acabar el librito.”

Sí, sigo con el librito.

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© Juan Abreu, 2006-2018