3472

Miércoles, 10 de enero de 2018

Este artículo de nuestro Espada, levantado sobre el tan progre y español axioma: “La muerta ya se jodió (y su familia también). Pasemos página”. Dice Espada del asesino: “El examen del funcionamiento de su cerebro sería la mejor huella, tal vez la única, que podría dejar de su desgraciado paso por el mundo y la mejor forma de redención posible”. Ya. Pero. ¿Qué hay de la huella del paso del asesino por el mundo de la familia? Para no hablar del mundo de la muerta que, ay, ya se esfuma veloz en el civilizado horizonte. ¡Qué buenos somos! Retumba el clamor. No hay Mal. De acuerdo. Pero. Tampoco hay Bien. Lo que significa que sólo hay mundo físico, y en consecuencia el estudio, reinserción etcétera del asesino, y el lavado de cara social resultante, se perpetra a costa del mundo físico de la muerta y su familia y en nombre de la complicidad entre vivos, es decir entre los cuerpos a salvo de los piadosos y el cuerpo protegido del asesino.

“La muerta ya se jodió (y su familia también). Pasemos página”.

Con la muerta estrangulada, golpeada, violada y lanzada a un pozo para que acabe de reventar, con la muerta de cuerpo presente, diríamos, se hace difícil estudiar al asesino, reinsertarlo. Por eso hay que borrar a la muerta, y a la familia de la muerta. ¡Molestan a los vivos! Y ese es el primer paso que da la Justicia española y la sociedad española, poniéndose al servicio del asesino, en cuanto el asesino mata. ¿Redención? Pero de quién. ¿Del asesino? O, por carambola, ¿de los estudiosos que se acicalan moralmente mediante la reinserción, o el estudio del cerebro asesino?

De acuerdo. Estudiemos el cerebro del asesino. La Ciencia por delante. Pero. ¿No podría hacerse ese estudio del cerebro del asesino conservando exclusivamente el cerebro del asesino, y no a todo el asesino? Pregunto.

Coda: Nótese que el artículo se ilustra con una foto del asesino y su esposa. No el asesino solo. No la víctima del asesino. El asesino como esposo. Ya desde la foto se toma partido por el asesino.

Comentarios

© Juan Abreu, 2006-2018