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Jueves, 30 de noviembre de 2017

Cuando escaparon más de cien mil cubanos por el puerto de Mariel en 1980 entre ellos había lógicamente algunos buenos escritores, tampoco tantos. Nunca hay muchos. Pero. Los países por pavorosos que sean, véase Cuba, a veces tienen épocas doradas, podría decirse. Cuba la tuvo baste pensar en esa Habana que compartían Lezama Lima, Lydia Cabrera, Carlos Montenegro, Levi Marrero, Fernando Ortiz, Enrique Labrador Ruiz, Virgilio Piñera, Lino Novás Calvo, Eugenio Florit y Gastón Baquero, entre otros. Es algo completamente anormal, lo normal en cualquier país y ciudad es un mundillo de medianías.

Estoy hablando se entiende de Cuba antes de que nos liberaran. Después que nos liberaron ya el panorama fue desolador nada comparable ni de lejos con aquella época de gran fulgor literario de la que hablo.

En 1980, cuando Mariel, la cultura y la literatura cubana habían sido completamente arrasadas y el panorama era un panorama de lameculos escribientes y policías redactores. Sólo en las cárceles o intentando pasar inadvertidos en algún agujero, quedaban escritores que pensábamos que la literatura es algo más que lamer culos, y esos aprovechamos la ocasión para largarnos. Ya a salvo fuera de la isla, nos reunimos (más o menos) en torno a Reinaldo Arenas y a otros escritores venidos por esa época. No había inmigrantes entre nosotros, sólo exiliados políticos, y si tuviera que aventurar algún rasgo común diría que compartíamos una gran furia.

Con el tiempo, estos fugitivos que se negaron a ser lameculos castristas y que escogieron el exilio y la libertad, escribieron algunos buenos libros.

Sería interesante reunir esos buenos libros en una colección, y que así queden, para los lectores futuros, si es que se lee en el futuro. A veces pienso que unidos de alguna manera esos libros se iluminarían unos a otros e iluminarían una época y juntos serían más poderosos tal vez.

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© Juan Abreu, 2006-2011