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5 de agosto de 2017

En Anglomanía, el muy interesante libro de Ian Buruma, encuentro esto: “El gesto más grandioso en defensa del imperialismo británico tuvo, de hecho, como destinatario a un súbdito judío. En 1850, el populacho incendió en Atenas la casa de un judío portugués nacido en Gibraltar, llamado David Pacifico. Don Pacifico jamás había vivido en Inglaterra, pero era ciudadano británico por nacimiento, y apeló al gobierno británico pidiendo ayuda para urgir una compensación por parte de los griegos. Pero cuando los griegos se negaron a pagarla, Palmerston envió barcos de guerra con órdenes de bombardear Atenas. Dijo en el Parlamento que, como los romanos en los tiempos antiguos, se ponían a salvo diciendo simplemente Civis romanus sum, así también un súbdito británico, en cualquier lugar que estuviere, podía tener la confianza de que el ojo vigilante de Inglaterra y su fuerte brazo lo protegerían contra cualquier daño e injusticia”.

Qué maravilla. De un país así sería yo súbdito amante y fiel.

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© Juan Abreu, 2006-2011