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Después de ver la bronca de Juanes y Bosé con la policía cubana, ya nadie tendrá la menor duda de que el concierto de La Habana fue un concierto diseñado y controlado al detalle por el Departamento de Seguridad del Estado de la dictadura.

¡Todo, todo, todo lo hemos pasado! ¿Por qué nos humillan así, por qué nos maltratan así? Gimotea Bosé. La Tañón, por su parte, lloriquea tratando de arrimar la sardina a la brasa de la policía cubana.
Juanes, admito, fue el único que demostró tener cierta vergüenza.
En cuanto al hombre que no sabe quién es, Yo, Tú o ÉL, trata de convencer a Juanes de que acepte todas las presiones y humillaciones a que los somete la DSE diciendo: “Si te vas ganarán ellos.”
¿Ellos?
Si le otorgan a este personaje el permiso de salida de la isla sabremos que en realidad lo que estaba diciendo era: “Nosotros”.

Imaginen el respeto que tenía la DSE por los payasos que ni siquiera se molestaron en cambiarle al agente que vigilaba a Juanes. El esbirro iba de conductor de su coche, acto seguido se apeaba y le servía el desayuno y más tarde era camarero en el restaurante que visitaba el autor de A Castro le pido.

Por otro lado, no dejen de leer esta crónica de la meticulosa represión desencadenada por las fuerzas represivas cubanas para asegurarse de que el concierto fuera completamente blanco y por la PAZ.

Después de visto lo visto y leído lo leído, si estos payasos no fueran tan payasos sería como para tenerles un poco de lástima.
Son como crías de cebra cruzando el río Grumeti, a merced de los cocodrilos gigantes.

Ahora bien… ¿por qué Juanes, Bosé y la llorona Tañón, ya en Miami (entiendo que estuvieran aterrorizados en la Isla de la Libertad), no ofrecen una conferencia de prensa para denunciar el ambiente totalitario que padecieron en Cuba?
¿Por qué no alzan la voz a favor de los detenidos, de los atropellados, de los encarcelados a causa del concierto por la PAZ?

Si lo hicieran, podríamos pensar que hubo cierta bobalicona ingenuidad en su iniciativa. En caso contrario, habrá que concluir lo evidente, que se dejaron usar por la dictadura a cambio de unas migajas de publicidad.

O por motivos aún más sucios.

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© Juan Abreu, 2006-2010