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“Los famélicos comían animales infectados, incluso en las afueras de la capital. En el distrito de Huairou, los aldeanos devoraban habitualmente corderos enfermos de ántrax. Cientos de ellos se envenenaron porque comieron trozos de grasa maloliente mezclada con cabellos, raspada de los pellejos de animales que se trataban en una fábrica de cuero de Chengdu, que los había intercambiado por hortalizas en una cantina del pueblo. Incluso los cadáveres contaminados de animales enfermos que salían de un matadero del distrito de Guanxian se vendían discretamente a una comuna local. Cuando las ratas no se comían a las personas, eran las personas las que se comían a las ratas. A veces se rescataban los cadáveres de ratas que habían muerto dentro de los pozos negros.”


¿Cinco bofetadas?

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© Juan Abreu, 2006-2011