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Hablamos el otro día de aquellos tiempos al principio de conocernos cuando nos encontrábamos en la calle Regàs a mediodía. La mejor época de mi vida dijo ella y yo estuve de acuerdo la mejor época de mi vida. Nuestras vidas que vienen a ser una sola vida. Todo era tan táctil y tan físico y éramos tan jóvenes y hermosos (yo no tanto) que nos podríamos haber comido, del todo quiero decir masticar, tragar, digerir etcétera, en uno de esos encuentros y hubiera sido ese el más esplendoroso final terminar uno (yo, claro, pues la idea de tu final era y sigue siendo para mí intolerable) devorado por el otro dentro del otro y dentro del otro a salvo en su sangre y en su carne y en sus huesos el único final feliz posible para nuestra historia de amor en verdad.

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© Juan Abreu, 2006-2011