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La primera vez que vi a David Rieff fue en los años ochenta en Miami (ya por entonces iba disfrazado de intelectual), y luego volví a verlo en New York una noche en que paseábamos por Manhattan Reinaldo y yo. Siempre nos pareció un idiota Rieff, cuando abría la boca sólo decía idioteces pomposas y si estaba mamá Sontag delante todo iba a peor. Rieff es el hijo de Sontag y poco más y Reinaldo y nuestro grupo de muertosdehambre desarrapados y recién llegados de la isla nos divertíamos burlándonos de su cara de típico mamalón hijito de mamá. Ahora leo que Rieff ha publicado un libro sobre el olvido lo bueno que es y ¡La Paz! No pienso leerlo porque después de leer las boberías que dice en esta entrevista para qué. No hay civilización moral, dice más o menos Rieff, lo que hay es Paz a cualquier precio que así el almita del hijito de Sontag alcanza su orgasmo espiritual parece. Y se atreve Rieff a poner como ejemplo a los judíos y su Shoá. Pero el asunto Rieff no es si ha habido o no más genocidios después de la Shoá, el asunto es que no ha habido otra Shoá, Rieff. Y no la ha habido porque, precisamente, los judíos no están dispuestos a olvidar, Rieff.

El olvido de los asesinados y de los asesinos es incompatible con un estado de civilización moral. Y ese estado de civilización moral hay que defenderlo y hacerlo avanzar: a sangre y fuego, si se hace necesario y no queda otro remedio, llegado el momento, Rieff.

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© Juan Abreu, 2006-2011