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Vamos a la playa a caminar. Hay que tener cuidado con el perrito porque desde que levanta la pata mea a la gente. Ya he dicho aquí que es un perrito muy listo, muy inteligente. Me sigue doliendo la pierna, cojeo. Estoy hasta los cojones. A la salida del estacionamiento un niño y su bicicleta un niño muy feo no sé por qué la gente encuentra a todos los niños bonitos hay muchos niños horripilantes. El niño en cuestión cinco o seis años como coño voy a saberlo mira al perrito y comienza a hacer muecas de asco. Le daría una patada en la cabeza pero no se puede.

Hay un enorme gentío en la playa, camina, corre, tira pelotas, salta en la arena, toma el sol tumbado. Horroroso. El día eso sí no se puede negar luminoso, pero ni de lejos tan luminoso como Léautaud: “Y cuando un hombre se describe a sí mismo tal como es, con toda la verdad, toda la franqueza posible, siempre es muy bello, tanto peor para los que no lo sienten así. Todos esos son unos canallas, unos hipócritas”.

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© Juan Abreu, 2006-2011