187
Un cuadrito pastoso. En más de un sentido. Atuendo de tigresa y boca a punto. Pelo encrespado. Esa mano en el trono. Casi pueden verse las venas y la cabeza es una fresa dilatada. Pero es en los ojos donde se disipan los misterios. Detrás de un infantil y obsceno velo: de saliva.
Combinación perfecta donde las haya.
He aquí un trascendental descubrimiento: belleza es sanidad.
Y la sanidad se alcanza mediante el arte y mediante la libertad sexual.
El maligno legado catolicón lo llama abajo pero es y siempre ha sido verdaderamente arriba.
Progreso en la textura. A Rembrant le gustaba que a sus retratos se les pudiera coger por la nariz.
Disfruto. Lo que me interesa es la pintura no crear una obra ni otras monsergas.
La fresa dilatada.
Adelante, engúllela.


















