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Ah, y cuando hablo con cubanos en los veinte, en los treinta, en los cuarenta años, todos acusan en mayor o menor grado el lavado de cerebro castrista. Ninguno tiene idea de lo que significa la palabra libertad. En todos, resentimiento, más o menos encubierto, más o menos desinformado, más o menos cínico, contra Miami. ¡Contra Miami! No contra la dictadura, contra los que lograron escapar. No contra quien los mata de hambre, contra quien les mata el hambre con más de mil millones de dólares en remesas anuales.

El proceso de castrización cerebral dura ya demasiado tiempo y al menos yo no he encontrado en las nuevas generaciones un cerebro completamente descastrizado.

Y naturalmente que ese hijo de puta salga tranquilamente a la calle y nadie le pegue un tiro o al menos lo insulte no es ninguna buena señal.

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© Juan Abreu, 2006-2011