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Voy a ver The Master. Mi instinto me decía, no vayas, es un bodrio para intelectuales. Pero ay, no le hice caso. Espeluznante. Nunca podré explicarme cómo se puede convencer a tan buenos actores para hacer el ridículo de una manera tan ostentosa. Me duché en cuanto llegué a casa pero sigo todo embarrado de baba simbólica. Esa escena absolutamente imbécil en el desierto. Aquel borracho rezongante y sin el más mínimo interés.

Después del suplicio, me pongo a mirar las críticas. Alucinante. Dejemos a un lado a Boyero que es un bollo loco. Obra maestra. Ese es el resumen.

Pero no dejen de leer las críticas, hay tal cantidad de chorradas rimbombantes que al final la cosa resulta divertida.

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© Juan Abreu, 2006-2011