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Todos sabemos que si el escenario del “caso Carromero” hubiera sido el Chile de Pinochet, Carromero sería hoy un héroe español emboscado por los asesinos del sátrapa y este abyecto editorial de El País sería muy diferente. Pero la política española hacia los Castro siempre ha sido asquerosa y cómplice y el burdel que es la isla para España y para los españoles merece un tratamiento especial. ¿Cuántos iban a follar a la sombra de Pinochet? Pregunto.

Hace tres días fue la última vez que tuve que aguantar a un grupo de imbéciles hablando de sus viajes al prostíbulo. ¡Qué risueños, qué mulatas y mulatos! ¡Estoy aprendiendo a tocar el tambor!

Aquel es un país de putas y putos, es verdad, pero este es un país de puteros. Tampoco es tan malo, dirán algunos, pero es que yo no pago por follar.

Ahora, una política española, Esperanza Aguirre, dice que hay que investigar el caso. Que si la dictadura, qué mala. Pues con no haberle mandado el cirujano que salvó la vida al dictador nos habría servido mejor. Todos los puteros socialdemócratas y los liberales y los conservadores y en fin todos los puteros españoles llevan cincuenta y cuatro años lamiendo las botas y el culo de los Castro y colaborando y aplaudiendo viles o aguantando cobardes los desplantes de los matones cubanos y cincuenta y cuatro años después siguen en lo mismo y encima quieren que les tomemos en serio.

Pero quién puede tomar en serio a semejante banda de cagados y puteros.

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© Juan Abreu, 2006-2011