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Leo aquí este texto del escritor Ian McEwan. Cuenta su última visita a Christopher Hitchens. Leían, hablaban de literatura. Hitchens, en sus últimos días de vida, intentaba terminar un artículo sobre Chesterton. El cáncer había devastado su cuerpo antes varonil y deseado.

Me quedé pensando, después de leer el homenaje de McEwan a su amigo, en los versos de Philip Larkin que McEwan leyó a Hitchens en el hospital. Busqué el libro de Larkin y leí el poema. Y al final:

A sense of falling, like arrow-shower
Sent out of sight, somewhere becoming rain.

“Eso es tan oscuro, tan horriblemente oscuro” nos dice McEwan que murmuró Hitchens desde la cama.

Horriblemente oscuro. Sí.

Después pensé en que la palabra lluvia está llena de resonancias vitales, está llena de esperanza. También pensé en que para que un ser humano se convierta en lluvia debe estar muerto y podrido o convertido en cenizas y llegar al agua y evaporarse y finalmente eso que ya no es él, caer. Y pensé además finalmente en que no hay nada en ese proceso, en caso de concretarse, que dignifique o cambie o tenga nada que ver con el final de un hombre, con su aniquilación.

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© Juan Abreu, 2006-2011