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Saco un momento la cabeza del teclado y veo la foto en el librero. Es Miami y 1981. Lydia Cabrera ríe y yo tengo la cara flaca y más pelo y una camisa regalada de mangas largas y en la zona del estómago la tela de la camisa se hunde. Aunque estoy gordo, comparado a cómo llegué. Me tomará otro año alcanzar el peso normal para alguien de mi estatura.

Lydia tiene las manos apoyadas en la empuñadura del bastón. Y un vestido abotonado. Lleva unas gafas gruesas y el pelo corto sobre la frente y ondulado sobre las orejas y la hermosa frente despejada. En uno de los cuadros, pintado sobre masonite porque la tela era muy cara, se ve una especie de chupete con patas sentado y triste y un ser con alas y pito. Tengo en la foto un brillo en los ojos y apoyo la mano en su hombro.

Yo la quería.

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© Juan Abreu, 2006-2011