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Sigo con mi historia de amor. Llevo un par de años sin tocarla pero de pronto me pongo a reescribirla y no puedo parar. Ayer a la una de la madrugada seguía escribiendo. Ya le he cortado unos buenos trozos. Con la reescritura, el personaje masculino ha cambiado. Ahora es más consciente de los engaños de su literaturizado cerebro. Hay sexo en la historia. Hay un viaje a Londres. Hay un proyecto escabroso según la moral al uso. Hay placer. Hay una superioridad insultante. Si no fuese así no despertaría mi interés. Lo de la empatía es una gran cosa y estar científicamente respaldado conforta pero la literatura debe ser también lo que señala el buen camino a la manada hipócrita moralmente envilecida y felizmente imbecilizada y sumisa. Es decir a la mayoría de la gente.

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© Juan Abreu, 2006-2011