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Y no he terminado con Niemeyer. Qué distinta hubiera sido su carrera si en vez de ser un rastrero lameculos de Fidel Castro, lo hubiera sido de Videla o Pinochet. Probablemente el mayor de sus proyectos hubiera sido la ampliación del baño de su casa.

Ahí quedan los edificios y cada cual sacará sus conclusiones, pero qué asquerosa la prensa española y mundial chachareando sobre la muerte de Niemeyer sin mencionar jamás que se pasó toda la vida aplaudiendo y ensalzando una dictadura feroz responsable de torturas, asesinatos, y miles de muertes.

La calaña moral de Niemeyer alcanzó su apogeo con el apoyo de Niemeyer al fusilamiento de tres infelices que intentaron huir de Cuba en 2003.

Niemeyer tenía, naturalmente, todo el derecho a ser un canalla, pero lo que me llama la atención es que esto a la prensa le parezca lo más natural del mundo. Tan natural que ni siquiera vale la pena mencionarlo.

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© Juan Abreu, 2006-2011