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Anoche vi una película de Monica Bellucci. Una obra maestra. La Bellucci. Estuve todo el rato babeándome. La película un ripio, pero con Bellucci. Desplegó las tetas (la Bellucci no enseña las tetas, las despliega) en dos o tres escenas. No lo suficiente, nunca es suficiente con la Bellucci, pero algo es algo.

A la Bellucci le ha faltado su Visconti para hacer con ella lo que hizo Visconti con Laura Antonelli en El inocente. Le ha faltado a la Bellucci una mirada grande de artista una mirada que se derrame sobre ese cuerpo de la Bellucci y lo exponga en su sobrecogedor esplendor.

Por supuesto, me acosté con la esperanza de soñar que me la chupaba la Bellucci. Pero ay, no.

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© Juan Abreu, 2006-2011