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Hoy es el Día de la Constitución de 1978, un documento bienintencionado y generoso que aspiraba a unir a todos los españoles respetando sus particularidades tribales. Es no conocer a la tribu.

¿Resultado? Por estos días el Ministro de Educación ha intentado una reforma para mejorar la educación, que en España es precaria mucho analfabeto funcional y mucho botellón. De paso, el señor ministro ha intentado parar un poco los cascos al lavado de cerebro separatista que en Cataluña llaman, no sin humor, “inmersión lingüística”. ¿Qué ha pasado? Están a punto de destripar al ministro Wert, que todo hay que decirlo, está muy acobardado y no se cansa de hacer genuflexiones y de poner cara de idiota ante los matones tribales. No le servirá de nada. Se lo digo yo que vengo de un país de matones.

Treinta y cuatro años después de aprobar la Constitución los nacionalismos tribales (catalán, vasco, etcétera) incumplen las leyes cada vez que les conviene e ignoran tranquilamente a los tribunales, es decir ignoran tranquilamente la Constitución.

¿Y qué? Nada. Que España se convierte a buen ritmo en un país de relajo.

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© Juan Abreu, 2006-2011