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Me envía esta foto su máximo hacedor y mi cerebro al instante reconstruye el sabor del White Christmas y la atmósfera del momento y el momento mismo. Es un gran cerebro el mío. Vean la jota la elegancia suprema al tiempo que anzuelo que todo lo engancha. El Tirsa no es una coctelería es el culito rico de las grandes noches: una nariz privilegiada, una chaquetita exógena, una ambarinidad de teta dura el inhóspito mundo exterior y la boca los dientes el hielo el limón la menta y las mujeres guapas.

¡Venga otro White Christmas!

Y mis hermosas manos.

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© Juan Abreu, 2006-2011