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“Si hay algún sustituto para el amor, es la memoria. Memorizar, pues, es restaurar la intimidad”. Dice el poeta Joseph Brodsky. Bueno. Pero. A corto plazo en cualquier caso. Porque el aniquilamiento personal abarca también la memoria, al menos la memoria no escrita que es a la que me he referido últimamente.

Y habrá que puntualizar, claro, que la memoria escrita no es la memoria, y que la memoria no es lo vivido.

Por otro lado, está la memoria de los hijos, la amada, los hermanos. Gente así ciertamente posee fragmentos de nuestra “intimidad restaurada”. Pero ya es un rebajamiento. Y ellos están a su vez condenados, etcétera. Lo más duradero es la herencia genética pero la herencia genética pertenece a un género de cosas que nada tiene que ver con la experiencia de la vida en términos culturales. Que son los términos que permiten cierta evanescente continuidad.

También dice Brodsky que “la cultura es elitista por definición y la aplicación de principios democráticos a la esfera del conocimiento conduce a la equiparación de sabiduría e idiotez”.

Y en esto sí que tiene toda la razón.

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© Juan Abreu, 2006-2011