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Ya estoy en la segunda parte lápiz en mano y brioso como suelo ponerme en estos casos he conseguido rebanar algunas páginas más. Hay que celebrar. Tengo mis maneras de celebrar y también de inspirarme que ustedes no entenderían. Así que no perderé el tiempo.

Alégrame especialmente el final del capítulo de la desmovilización del ejército, que lo he reescrito todo y ahora encaja como picha al culo que diría una querida amiga. Me adentro hoy en la parte final y hasta he parado la lectura de Pinker que hay que aprovechar cuando uno está inspirado. Esta segunda parte es la que más he podado mucha sensiblería y mucha declamación que descarto pelando hasta el hueso. Uno no debería dar por terminado un libro a menos que lo deje descansar un año, como mínimo, y después lo reescriba.

Lo mejor de la reescritura de las ¿memorias? es la manera en que he vuelto a ver los rostros. Con una nitidez que sólo puedo catalogar de cruel.

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© Juan Abreu, 2006-2011