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La única manera decente de ser catalán, ha dicho el periodista Espada, es ser español y europeo. Esto espantará a la comparsa independentista y provocará las descalificaciones de rigor. Pero. Al margen de su carácter aguerrido, lo que me fascina de la feliz expresión es su contundencia civilizatoria y su nitidez moral.

Porque, también ha apuntado el periodista Espada, España es un empeño moral. Y a ese empeño moral unitario e integrador deben acogerse los españoles, todos los españoles: catalanes, vascos, gallegos, valencianos, aragoneses, etcétera. Y deben acogerse a este empeño moral porque es el único escenario que asume y proyecta hacia el futuro a todos los habitantes de España, al margen de sus particularidades tribales.

La única manera decente de ser catalán es ser un catalán español y europeo. Esto es naturalmente aplicable a un vasco a un gallego o a cualquier otro habitante de cualquier rincón de la geografía española.

La moral no es nada más que un producto de nuestro empeño civilizatorio. Y la decencia, una de sus segregaciones. El planteamiento del periodista Espada es ante todo un llamado a no apartarse del camino de la civilización.

Es sano que se instale en el disparate nacionalista, esta dimensión moral.


Jot Down. Hacia Cuba

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