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En la página 328 me encuentro lo de la “autodeterminación de los pueblos”. Si no habré oído yo eso de la “autodeterminación de los pueblos”. Se pasaban el día el dictador y su policía hablando de la “autodeterminación de los pueblos”, allá en la pavorosa. Siempre lo tuve por otro delirio comunista. Pero resulta que fue un presidente norteamericano, Woodrow Wilson, quien se inventó la cosa allá en 1916.

Dice Pinker: “Por desgracia el tono humanista que emanaba de esa expresión dependía de una sinécdoque fatal. El término nación o pueblo llegó a identificarse con los hombres, las mujeres y los niños individuales que constituían esa nación, y, por tanto, los dirigentes políticos llegaron a representar a la nación. Un gobernante, una bandera, un territorio, una lengua, acabaron equiparados cognitivamente con millones de individuos de carne y hueso.”

Sí, quedaron identificados. Aunque es una falsedad y un absurdo evidente. Una falsedad y un absurdo que ha costado decenas de millones de vidas. Y las que costará, me temo, en el futuro.

Vuelvo a Pinker: “Uno de los peligros de la “autodeterminación” es que, en realidad, no existe tal cosa como una “nación” en el sentido de grupo étnico y cultural que coincida con un trozo de propiedad inmobiliaria.”

No existe. Como no existen los “pueblos”; ahora lo comprendo perfectamente.

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© Juan Abreu, 2006-2011