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Leo el libro de Pinker, grande y gordo, apoyado en la mesa y voy pasando las páginas cómodamente. El lápiz en la boca, para ir presto anotando en los márgenes y en esas tan apropiadas páginas en blanco que tiene al final el libro. La fisicidad del libro es muy humana, es casi Pinker. Afuera llovizna y estoy solo en casa y escribo en mi libro gordo de Pinker y aprendo mucho y la gran inteligencia de Pinker fluye en mi interior y se aloja en mi cerebro dónde si no. A veces también leo tumbado en la cama pero prefiero leer así, sentado, el libro apoyado sobre la mesa. Y cuando me levanto me gusta cerrar el libro aparatosamente y levantarlo y que pese. Me gusta que pese. Es único mi libro todo anotado por mí un objeto único que me trasmite algo orgánico que llámenme romántico me hace feliz.

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© Juan Abreu, 2006-2011