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Intelectuales y escritores han firmado una carta a propósito del reto separatista del señor Mas. Tiene ese tono lastimero del que se disculpa por algo. Y es muy literaria y sentimental. Como los nacionalistas, la carta sentimentaliza y noveliza la realidad.
Cataluña, una convención puramente geográfica y organizativa, aparece como una entidad suprahumana. Una entidad más allá y sobre los ciudadanos. Se escuchan al fondo las trompetas. Y vemos desplegarse amenazadoramente el símbolo.
Hay que negociar y contentar otra vez las exigencias de los nacionalistas catalanes. Y hasta el derecho a decidir. Dice la carta. Que intelectuales y escritores de probada solvencia no se hayan enterado aún de que es imposible saciar a los nacionalistas es verdaderamente alarmante.
Lo peor del nacionalismo es que con frecuencia consigue que sus adversarios adopten su jerga y sus supersticiones y los hagan suyos. Lo que disminuye su capacidad de defender la libertad de los ciudadanos. La libertad de cada ciudadano. Que es la única libertad que existe.

















