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Compro The Brown Bunny. La verdad es que la compro por la famosa escena en que Chloe Sevigny se la chupa a Vincent Gallo. Temo que será una mala película, pero no me importa porque la compro por lo que la compro: para ver a Chloe Sevigny chupándosela a Vincent Gallo.

Me siento a ver la película. Resulta que no es mala. Mejor dicho resulta que es muy buena. Además, me doy cuenta de lo bello que es Vincent Gallo. Un tipo de belleza varonil y turbia un tipo de belleza martirizada. Es una película lenta y algo remolona, pero firme y para mi sorpresa, poderosa.
Ya al final, la escena famosa. Vincent Gallo se saca la polla, una polla hay que decirlo a la altura de la hermosura de Vincent Gallo, y Chloe Sevigny se pone a chupársela. Es una gran escena. Curiosamente, no es una escena sexual. O muy poco. No es muy sexual y miren que me gusta Chloe Sevigny y tengan presente mi genital manera de ver la vida.

Cuando termina la película. Una película tristísima les advierto. Me pongo a pensar en la atroz hipocresía del cine y de la gente y de la industria del cine y de la sociedad que ha desterrado del cine escenas como esa donde Chloe Sevigny se la chupa a Vincent Gallo, es decir ha desterrado del cine y de las posibilidades artísticas del cine las pollas y los coños (tan bonitos) y el follar cuando es lo más humano del mundo y lo más sano del mundo y lo que todos hacemos o tratamos de hacer cada vez que podemos naturalmente porque follar es como comer y no permitan que nadie los convenza nunca de otra cosa.

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© Juan Abreu, 2006-2011