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Hoy, en el mercado, veo por primera vez una lechuga. Sorprendido, desvío un poco la vista y veo por primera vez un pollo. Esos breves destellos del verdadero orden que uno tiene. Es duro. Sería imposible ir por ahí mirando lo que es: la literatura nos protege. Piensa en eso, querido.
Desasosegado por la visión de los hechos, fui a comprar boniatos y calabaza. Mal comienza el día, pensé. Pero por suerte en ese momento distinguí frente a la xarcuteria a una madre y sus tres hijas como sacadas de una novela de Pierre Louÿs y mis reclamos de mamífero culto y superior tomaron por asalto las sinapsis.

















